En recuerdo del gran César Fernández Arias.

Este pequeño texto es para anunciaros, sobre todo a los que vivís en Madrid, que hasta el 13 de diciembre de 2026 podéis ir a ver la exposición sobre César que han organizado sus familiares —Almu, Mateo y Mauricio— en el Centro de Arte Complutense de Madrid, con la colaboración de todos sus amigos.

Como no hay texto en este blog que no hable de libros, os voy a enseñar lo que, para mí, es una magnífica adaptación del diseño y la ilustración de un estilo a otro, según la época que nos ha tocado vivir.

César colaboró con la editorial Media Vaca, ilustrando algunos de sus libros para niños. Una de las obras más interesantes que realizó fue 100 Greguerías, de Ramón Gómez de la Serna.

Como si fuera un químico más, a César se le multiplicaron los tubos de ensayo y quiso sujetarlos todos entre sus brazos, tal como hacía con cualquier obra que realizaba.

Sabía remarcar cualquier detalle de manera “cesariana”, con absoluta facilidad. En sus obras no sobra nada: trazos gruesos y colores preferidos, los de su querido Ródchenko: rojo y negro.

Ilustración de la sobrecubierta. Media Vaca, 1999.

César fue quien mejor entendió el constructivismo, tanto en sus obras como en la manera de exponerlas, adaptándolo a su tiempo.

Aportaba en muchas de sus obras «arte de producción» y, tal como defendía Krinski, sus obras son una combinación de ejercicio formal y operación intelectual.

Además, César y su buen amigo, el poeta Guache, han sido la versión hispana de Ródchenko y Mayakovski.

Tuve la suerte de editar, junto a César y Guache, un libro de aleluyas de fútbol dedicado a mi hijo, Adrián Moreno, con motivo de su nacimiento. El libro iba acompañado de esta aleluya: «A Adrián, que nació mientras este libro se editó».

Bueno, como me diría César: “Vale, Moreno, pero hay que moverse”.

… Y me muevo.

En 1927, la Agencia Mundial de Librería, con sedes en París, Madrid y Lisboa, publicó Las 636 mejores greguerías, de Ramón Gómez de la Serna. Era una edición en rústica, de 12 × 19 cm, impresa a una tinta —azul— en los talleres de Aldus, Artes Gráficas Santander.

Ilustración de la sobrecubierta, posiblemente realizada por Bagaría.

La ilustración de la cubierta está firmada con una B. Posiblemente fuera Luis Bagaría, ya que era amigo de Ramón y participaba en las tertulias de Pombo.

Como podéis observar, César tuvo en sus manos este libro y transformó todos y cada uno de los detalles de la ilustración original para llevarlos a su propio mundo.

¡Pura maravilla!

Aprovechando que mencionamos la obra de Ramón, no quiero dejar de mostrar las cubiertas que Diego Lara y Andrés Trapiello diseñaron para Ramón en cuatro entregas. Sus cuatro volúmenes constituyen un magnífico ejemplo del mejor diseño editorial de su época.

Las cuatro cubiertas de la exposición Ramón en cuatro entregas. Museo Municipal de Madrid, 1980.

Nos toca ir a ver su obra y, sobre todo, ¡a él!