La Casa de las Flores, Pablo Neruda y una historia personal

Cada cierto tiempo visitó Madrid por obligación. Cuando eso ocurre, vivimos en la casa de la madre de Alison, a las afueras de la ciudad. Para los que no conozcan Madrid, desde el extrarradio se llega en bus según la localización a los distintos intercambiadores que hay en la ciudad. Los buses de la zona norte llegan al intercambiador de Moncloa; ese es mi destino.

Cada vez le tengo más pánico a la ciudad. Me parece un tanto hostil. Estoy acostumbrado a vivir en el pueblo, a saludar a la gente, la conozca o no; ¡imaginaos que tontería!

Cuando vivía en Madrid, mi transporte preferido para moverme siempre había sido el metro. Creo conocer todas las líneas; bueno, ahora no. Pero, de unos años para acá, entrar a los andenes me produce zozobra. Ahora prefiero andar, aunque tenga que hacerlo durante dos horas para llegar a mi destino. La cuestión es salir dos horas antes de lo normal.

Bueno, la dirección que tengo que tomar es hacia la Castellana, a la altura de Colón. Para el primer tramo de mi recorrido siempre elijo pasar por Gaztambide y ver el edificio que más me gusta de Madrid (es algo personal). Entre las calles Rodríguez San Pedro, Gaztambide, Hilarión Eslava y Meléndez Valdés está la “Casa de las Flores”. 

La manzana es un modelo de arquitectura de los años treinta y, desde 1981, está declarada Monumento Nacional.

Os preguntaréis qué tiene que ver esta parrafada con los libros. Un poco de calma.

La última vez que estuve en Madrid fue el pasado mes de junio (2026) y, al pasar por la famosa “Casa”, me encontré con que, en una de las esquinas, la de Rodríguez San Pedro con Gaztambide, el local que da a la calle estaba totalmente, vamos a decir, decorado.

Vista de la fachada, esquina entre Rodríguez San Pedro con Gaztambide, junio 2026.

Bien, en esa esquina nací yo.

Cuando estudiaba en la Escuela de Arquitectura y les contaba a mis compañeros que yo había nacido en la “Casa de las Flores” paradigma de la arquitectura racionalista, dándome la importancia que tenía ser estudiante de la Escuela y haber nacido allí, realmente no me creían.

Recuerdo que mi madre me decía que la clínica donde nací se llamaba “Las Rosas”, y de esto todavía había más incredulidad, imaginaros: “Casa de Las Flores”, clínica “Las Rosas”. Además, recordaba ella muy bien el sitio, ya que a la comadrona que la atendió, al querer dejara al recién nacido en una mesa, se le escurrió de sus manos.  

¡Y caí al suelo!

Con gran susto de todos, la criatura lloró como todos los recién nacidos ; eso sí, sin palmaditas en las nalgas, y sin aparentes daños físicos.

Hace unos días, ordenando cajas (que creo que es necesario), encontré el “El Documento” con mayúsculas. Es un documento que posiblemente tengáis la mayoría de los que rondáis los setenta.

Y dice que: 

“En Madrid, a las 8:30 de la mañana del día 8 de febrero de 1955, en la casa nº 15 de la calle de Gaztambide, nació Juan Antonio”.


Lámina de recordatorio de nacimiento llamada «Avely Orlas». Decorada con ilustraciones históricas, de estética del Régimen. Está caligrafiada a mano.

Lo que de alguna manera, demuestra que sí, que nací en “La Casa de las Flores”.

Ese último día que pasé por la esquina de la calle hice una foto con el móvil —la que habéis visto anteriormente—, que por supuesto mandé a la familia para recordarles el lugar de mi nacimiento, y Manuel (mi hijo), me envió unos fragmentos de los siguientes poemas de Pablo Neruda:

EXPLICO ALGUNAS COSAS

PREGUNTARÉIS: ¿Y dónde están las lilas?

Y la metafísica cubierta de amapolas?

Y la lluvia que a menudo golpeaba

sus palabras llenándolas

de agujeros y pájaros?

Os voy a contar todo lo que me pasa.

Yo vivía en un barrio

de Madrid, con campanas,

con relojes, con árboles.

Desde allí se veía

el rostro seco de Castilla

como un océano de cuero.

Mi casa era llamada

la casa de las flores, porque por todas partes

estallaban geranios: era

una bella casa

con perros y chiquillos.

Raúl, te acuerdas?

Te acuerdas, Rafael?

Federico, te acuerdas

debajo de la tierra,

te acuerdas de mi casa con balcones en donde

la luz de junio ahogaba flores en tu boca?

Hermano, hermano!

….

Y una mañana todo estaba ardiendo

y una mañana las hogueras

salían de la tierra

devorando seres,

y desde entonces fuego,

pólvora desde entonces,

y desde entonces sangre.

Bandidos con aviones y con moros,

bandidos con sortijas y duquesas,

bandidos con frailes negros bendiciendo

venían por el cielo a matar niños

corría simplemente, como sangre de niños …

GENERALES TRAIDORES

Generales

traidores:

mirad mi casa muerta,

mirad España rota:

pero de cada casa muerta sale metal ardiendo

en vez de flores,

pero de cada hueco de España

sale España,

pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,

pero de cada crimen nacen balas

que os hallarán un día el sitio

del corazón …

Venid a ver la sangre por las calles,

venid a ver

la sangre por las calles,

venid a ver la sangre

por las calles!


Estado de “La Casa de las Flores” después de ser bombardeada.
Foto: Archivo General de la Administración.

En el próximo año, 2027, se cumplirán 90 años de la publicación de España en el corazón de Pablo Neruda.

Neruda vivía en esa manzana y relató con poemas el horror de la Guerra.

La primera edición del poemario se editó en Chile por Ediciones Ercilla en 1937.

Fue Altolaguirre en 1938, estando en Valencia, quién preparó la reimpresión por primera vez en España. La editó “Ejército del Este, Ediciones literarias del Comisariado”.

Para los que no conozcan a Manuel Altolaguirre, solamente decir que perteneció a la generación del 27. Además de buen poeta, fue editor e impresor.


Edición facsimil de la edición preparada por Altolaguirre de España en el corazón, Renacimiento 2004. 

La editorial Losada publicó esta obra en Buenos Aires, incluyéndola de forma definitiva dentro del volumen Tercera residencia (1935-1945), editado en 1947. 

Hay reimpresiones de España en el corazón en la editorial Losada de 1958, 1961 y 1962.

En el 2004, la editorial Renacimiento, de Sevilla, realizó una edición facsimil de la edición de Altolaguirre.

No está nada mal volver a leer a Neruda, y particularmente estos poemas; no son tiempos de olvidar.