Marchamalo y mi primera colección de libros

Hasta ahora, en este blog el objetivo principal del estudio ha sido analizar el libro de una manera más detallada desde una perspectiva tipográfica; sin embargo, la idea de este artículo es reflejar mi amor por los libros y recomendar a un excelente escritor, que, además, es un entusiasta de los libros y escribe sobre ellos.

Me estoy refiriendo a Jesús Marchamalo.

Marchamalo es un mago de los libros, un contador de historias que extrae de su interior fotos de carné, quinielas, electrocardiogramas, cheques …

Es el “Tamariz” de los escritores: nos deslumbra con su talento y encuentra magia en todo lo que toca. Y, hablando de magia, este libro que os propongo para una futura lectura se imprimió el 8 de febrero de 2020, el día en que yo cumplía 65 años.

EnTocar los libros, edición en Cátedra, el autor, en 137 páginas, nos describe a diversos escritores y sus bibliotecas, el orden y el desorden de estas, el número ideal de volúmenes en una biblioteca doméstica, lecturas imprescindibles, libros dedicados, etc.

Su lectura es una pura delicia; además, invita a reflexionar sobre la actitud que adoptamos frente al libro en muchas facetas, especialmente cuando se poseen más de la cuenta.

Pero, cuando leo a Marchamalo, lo que más aprecio, es el uso correcto de términos tipográficos: nos habla de los libros “intonsos” —a los que apoda tesoros para coleccionistas—, del olor a tinta, de los papeles; de la palabra “esguardamillar”, de los volúmenes, de cubierta.

Puede parecer nimio, pero es un placer encontrar a un escritor que los utilice con tanta precisión.

Os recomiendo su libro Tocar los libros.

& & &

En la página treinta de este libro escribe –Ni siquiera me acuerdo de cuál fue el primer libro que compré, …–.

Esta frase me ha hecho reflexionar sobre si yo me acordaba de esa primera compra. Y en una noche de insomnio, he sido capaz de resetear ese momento.

Recuerdo el primer libro que me compré: fue un domingo de mayo, en la Feria del Libro de Madrid, en 1964. Tenía nueve años y se titulaba Thunda, el búfalo, de C. Bernard Rutley (Editorial Molino, colección “Vida de animales salvajes”).

Elegí ese libro por dos razones: la primera, porque el precio que marcaba coincidía exactamente con la cantidad de dinero que llevaba ahorrada en el bolsillo del pantalón corto; y la segunda, por la foto de la cubierta —un insuperable búfalo— y por las ilustraciones del interior —creo que de Stuart Tresilian—.

El segundo libro que tuve, fue un regalo de mi vecino de puerta (Antonio). El regalo fué, porque había sacado un notable en el Bachillerato. Entonces, 1965, la mayoría de los niños nos examinábamos en un gran instituto, a mí me tocó el Cardenal Cisneros, en la calle de los Reyes en Madrid.

El regalo fué El Quijote, en un sólo volumen, edición conmemorativa de Afrodisio Aguado Editores (segunda edición: octubre 1958), en papel biblia, con una reproducción gráfica de la portada impresa de la primera parte del Quijote). Todavía lo conservo intacto.

La primera vez que tuve conciencia de hacer una colección de libros fue con la Biblioteca Básica Salvat, Libro RTV. El primero de los títulos fué La tía Tula de Miguel de Unamuno.

Conseguí esta colección (ampliamente publicitada en la única televisión que teníamos), como muchas de las familias españolas, en los kioscos, donde nuestros padres compraban el diario; como su propio nombre decía: una “Biblioteca Básica”, para muchos hogares, la primera biblioteca.

& & &

Nota: Durante diez años viví con Alison en el edificio de enfrente a la puerta del Instituto Cardenal Cisneros (Calle de los Reyes) y desde nuestro ventanal veíamos el impresionante y antiguo edificio de la primitiva Universidad de la carrera de San Bernardo, y todos los días, al asomarme por él, recordaba el día del examen, donde además, me había cruzado por uno de los pasillos con Gerardo Diego.

Anterior/Siguiente